Agosto. Calor, terrazas, playa, piscina, siestas eternas… y también ese parón extraño en el que los proyectos bajan de ritmo. Muchos diseñadores y creativos sentimos una especie de vacío: pasamos de estar a tope con entregas, a tener demasiado tiempo libre. Y claro, aparece la pregunta: ¿cómo descansar sin desconectar del todo de la creatividad?
La respuesta está en encontrar pequeños hábitos o actividades que no se sientan como “trabajo”, sino como un juego, un entrenamiento suave o una excusa para inspirarse. Aquí van algunas ideas:
1. Crea marcas ficticias por pura pasión
El verano es perfecto para trabajar en proyectos personales ya que tenemos más tiempo libre. Piensa en sectores con los que te encantaría trabajar —desde un festival de música hasta una marca de surf— y créales un branding ficticio. Puedes ayudarte de ChatGPT para que te redacte el brief de la marca que tienes en mente y poder trabajar en ella. También puedes ayudarte de cuentas de Instagram que publican brief ficticios. ¿Quieres saber cuales? Mándame un mensaje a mi cuenta (@crazylionestudio) y te los mando!
Lo bueno de estos proyectos es que no hay presión, ni clientes, ni plazos. Diseñas por placer, pruebas estilos, experimentas tipografías o colores que quizá no te pedirían en un encargo real. Lo haces porque te gusta, y esa es la mejor gasolina para la creatividad.
Además, no se queda en un juego: estos trabajos enriquecen tu portfolio. Cuando acabe el verano, puedes publicarlos como un proyecto más y mostrar lo que eres capaz de hacer en áreas que te atraen. Muchas veces son esos proyectos los que despiertan la atención de un cliente que piensa: “Esto es justo lo que necesito para mi marca”.
2. Pásate a un horario de verano
No todo es estar delante del ordenador. Julio y agosto son meses que invitan a cambiar nuestras rutinas. Si tu carga de trabajo lo permite, prueba con una jornada más ligera: unas horas por la mañana, cuando el calor no aprieta tanto, y dejar la tarde para descansar o disfrutar.
Ir al cine, bajar a la piscina, dar un paseo por la playa, quedar con amigos o familia… No lo veas como tiempo perdido: tu mente creativa necesita oxígeno. Al día siguiente volverás con la energía renovada, y probablemente con más ideas de las que habrías tenido trabajando ocho horas seguidas.
La productividad no siempre se mide en horas delante del ordenador, sino en la calidad de lo que produces.
3. Inspírate en lo cotidiano
El verano está lleno de detalles que parecen insignificantes pero que, si los miras con otros ojos, se convierten en pura inspiración: los carteles improvisados de las fiestas de pueblo, las tipografías pintadas a mano en un chiringuito, los colores vibrantes de una sombrilla o incluso la decoración de algún restaurante original.
No es “trabajar”, es entrenar tu mirada. Haz fotos, guarda referencias y deja que esas pequeñas observaciones nutran tu creatividad. Muchas veces lo aparentemente banal se convierte en el detonante de una gran idea.
4. Dale espacio al aburrimiento
Sí, el aburrimiento también puede ser productivo. Cuando dejamos el móvil a un lado y nos permitimos simplemente no hacer nada, nuestra mente se activa en segundo plano. Es en esos momentos de calma —mirando al mar, paseando sin rumbo o tumbados en una hamaca— donde suelen aparecer conexiones nuevas y ocurrencias brillantes.
Así que no tengas miedo de parar. El vacío también es parte del proceso creativo.
En resumen
El verano no tiene por qué ser un paréntesis creativo, ni tampoco una excusa para saturarse trabajando. Se trata de encontrar un equilibrio: descansar de verdad, pero dejar que la creatividad siga respirando de manera natural, sin presión.
Las vacaciones creativas son ese espacio intermedio: proyectos personales por pasión, rutinas más ligeras, cambios de entorno, observación del día a día y, por qué no, un poco de aburrimiento que nos devuelva la chispa.
Y ahora cuéntame tú: ¿Qué añadirías a esta lista de hábitos para mantener viva la creatividad en vacaciones?
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