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Septiembre, ese mes que siempre tiene algo especial. Aunque el calendario diga que el año empieza en enero, la mayoría sentimos que es ahora cuando de verdad arranca un nuevo ciclo. Sentimos esto ya que de pequeños empezamos nuevo año en Septiembre, por lo que cada vez que llega este mes en el año, sentimos que empieza una nueva etapa. Vuelven los horarios, la rutina, el trabajo… y también esas ganas de organizarnos mejor después de las vacaciones.

Para algunos es el “Lunes” más grande del año, y para otros una oportunidad de resetear, de revisar los objetivos que nos habíamos marcado en enero (o que quedaron olvidados en una libreta) y darles una nueva vida. ¿De que lado eres tú?

El choque con la rutina

Voy a ser sincera: los meses anteriores a Septiemnre, mi rutina laboral fue bastante intensa. Jornadas largas que terminaban a las ocho de la tarde y que apenas me dejaban espacio para algo más. El trabajo me gusta, sí, de hecho es mi pasión, pero sentía que mis días se reducían únicamente a cumplir con las tareas profesionales.

¿El resultado? Muy poco tiempo para mí. No podía dedicarle un rato a algo creativo como pintar o dibujar, ni a leer, ni siquiera a descansar sin mirar el ordenador o los correos. Y al final, cuando tu vida se convierte solo en trabajo, es difícil mantener la motivación y la frescura que un proyecto necesita. 

Mi objetivo para este “nuevo año”

Por eso, este Septiembre me lo tomo como un reinicio. Mi principal objetivo es tener una jornada más reducida que me permita disfrutar de mis tardes. Quiero equilibrar mi tiempo para que el trabajo sea productivo y motivador, pero también para dar espacio a esas pequeñas cosas que nutren la mente: un rato con un libro, un paseo, pintar, dibujar o simplemente descansar.

El descanso no es perder el tiempo, es invertirlo. Sin esos momentos, es muy difícil ser creativa y aportar valor real en lo que hago.

Volver a planificar con intención

Este es el momento perfecto para abrir de nuevo la agenda, el calendario o la lista de objetivos que dejamos en pausa. Pero la clave no está en llenarlos de tareas sin fin, sino en planificar con intención:

  • Revisa tus objetivos del año: ¿siguen teniendo sentido o alguno ya no encaja contigo?
  • Marca prioridades: no todo tiene que hacerse ahora. Decide qué es importante en estos meses y qué puede esperar.
  • Reserva tiempo para ti: agenda también tus ratos de descanso o de ocio. Si no lo apuntas, probablemente no ocurra.
  • Sé realista: mejor pocos objetivos alcanzables que una lista infinita que solo genere frustración.

Disfrutar del proceso

Al final, volver a la rutina no tiene por qué ser sinónimo de estrés o de agenda apretada. Puede ser una oportunidad para reorganizarse, tomar decisiones más conscientes y disfrutar del trabajo sin cargarnos demasiado.

Yo me lo tomo como una invitación a equilibrar: trabajar con ganas, pero también darme permiso para vivir fuera de la pantalla. Porque una mente descansada es mucho más creativa y resolutiva que una agotada.

Y ahora te pregunto…

¿Cómo te has sentido tú después de las vacaciones? ¿Qué objetivos tienes en mente para esta nueva etapa?

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