Colaborar con otras personas puede ser una experiencia muy enriquecedora… o una auténtica fuente de frustración. En mi caso, esta colaboración no salió bien y durante un tiempo dudé si debía escribir sobre ello o no.
Pero con el tiempo entendí que compartir estas experiencias también forma parte del camino profesional. No todo sale siempre bien, y hablar de los errores —desde un lugar calmado y reflexivo— puede ayudar a otros a tomar mejores decisiones. Esta es mi experiencia y lo que aprendí sobre cómo elegir bien a la persona con la que vas a colaborar.
1. No seas impulsivo/a
Esto mismo me pasó a mí. Y no por ser impulsiva, porque soy una persona que le da mil vueltas a todo, pero en ese momento estaba bastante agobiada y estresada. Cuando estás así, tu capacidad de análisis baja, y cualquier solución rápida parece buena.
Tenía un boceto para una marca que me parecía muy interesante, pero no sabía cómo resolverlo. Eran formas sinuosas, ilustrativas, con bastante complejidad visual. Después de tres días dándole vueltas sin llegar a una propuesta sólida para presentar, empecé a sentir esa presión de “no llego” que tanto nos bloquea. En lugar de parar, respirar y replantear el proceso, decidí buscar ayuda de forma apresurada. Acudí a una amiga de confianza, le expliqué la situación y me pasó el contacto de una persona cercana a ella que estaba buscando trabajo. En ese momento pensé que estaba resolviendo el problema, pero en realidad estaba tomando una decisión desde el cansancio, no desde la estrategia.
2. Recomendar bien también es una responsabilidad
Este fue un error por parte de ella, aunque sé que lo hizo con buena intención, me recomendó a alguien de su círculo que había terminado la carrera hacía poco. Tenía proyectos personales muy potentes, bien trabajados y con una estética interesante, pero jamás había trabajado ni colaborado con nadie en un entorno profesional real.
Es normal querer ayudar a amigos o conocidos en los que confías y sabes que tienen talento. Pero una recomendación profesional debería basarse en algo más que eso. También hay que tener en cuenta la experiencia, la capacidad de adaptarse a un briefing, de trabajar sobre ideas ajenas y de cumplir plazos. En mi caso, necesitaba a una persona que trabajara durante tres o cuatro días sobre una propuesta concreta, a partir de un boceto mío, con tiempos ajustados y con una comunicación clara. El talento es importante, pero no lo es todo cuando hablamos de colaboraciones profesionales.
3. Analiza e investiga antes de aceptar
Sí, no aceptes ese presupuesto solo porque estás estresadísimo/a y ves que no llegas. Antes, para, analiza y habla. Una colaboración también es una relación profesional y necesita unas bases claras. Una videollamada puede ahorrarte muchos problemas: hablar del proyecto, de qué necesitas exactamente, para cuándo, y sobre todo preguntar cómo es su proceso de trabajo. Cómo organiza los tiempos, cuántas propuestas entrega, cómo gestiona los cambios, si habrá momentos de feedback o videollamadas intermedias.
Interésate por su portfolio con una mirada crítica y pregunta por el presupuesto en relación al valor que aporta, no solo por el precio. Todo esto es algo que yo no hice, y no fue una buena experiencia. La persona no entendió bien el encargo, hubo poca comunicación, no existía un proceso claro y el resultado final no fue el que esperaba. Y cuando eso pasa, la frustración no es solo creativa, también es emocional y profesional. Por eso es tan importante que, antes de contratar o colaborar con alguien, todo esto esté bien hablado y definido desde el principio.
Con un poco de distancia, esta experiencia me ayudó a replantearme muchas cosas sobre cómo colaboro y qué espero de las personas con las que trabajo.
Esta experiencia me ayudó a definir mejor cómo quiero trabajar y con quién. Colaborar no es solo juntar talentos, es alinear procesos, expectativas y formas de trabajar. Aprender a decir “ahora no”, a hacer más preguntas y a tomarse el tiempo necesario para elegir bien es parte de madurar como profesional. Y aunque esta colaboración no salió como esperaba, me dejó aprendizajes que hoy valoro mucho más que el resultado final.
Si ahora mismo también te sientes en un bloqueo creativo, te recomiendo leer mi artículo Cinco técnicas creativas para encontrar inspiración sin caer en la copia, donde comparto herramientas prácticas para desbloquear ideas sin perder tu identidad.
Y si eres diseñador/a y te interesa colaborar con CrazyLion Studio, puedes escribirme a mi correo, hola@crazylionestudio.es enviándome tu CV y porfolio. Siempre estoy abierta a conocer perfiles con los que compartir valores, procesos y una visión honesta del diseño.
