Esto no es una queja puntual. Es cansancio acumulado.
Cansancio de ver cómo el diseño se sigue tratando como algo prescindible, barato o gratuito.
Y de ver cómo, una y otra vez, no pasa nada.
No es un concurso: es trabajo gratis
Estoy harta.
Harta de ver concursos de diseño organizados por ayuntamientos, instituciones, marcas y todo tipo de entidades que se llenan la boca hablando de creatividad, cultura y talento… mientras ofrecen premios que no llegan ni de lejos a lo que costaría ese trabajo en condiciones normales.
Harta de ver cómo se pide diseñar una identidad completa, un cartel, un sistema visual o incluso campañas enteras… a cambio de 300€, 500€ o, directamente, merchandising que no se valora en más de 20€.
¿De verdad?
Porque no, no es una oportunidad, es trabajo gratis disfrazado de concurso.
Lo peor no es que exista, es que esta normalizado
Esto no es algo puntual. No es “un concurso mal planteado”.
Es un sistema.
Un sistema en el que instituciones públicas lanzan concursos con condiciones ridículas se reciben cientos de propuestas, se elige una y el resto del trabajo simplemente desaparece en horas, ideas, procesos… todo tirado a la basura.
Y no pasa nada.
Nadie responde por eso.
Nadie revisa esas bases.
Nadie dice: “oye, esto no está bien”.
Bueno, sí. Se dice.
Se comparte en redes.
Se comenta.
Se retuitea.
Y al día siguiente, otro concurso más.
La incoherencia es brutal
Vivimos en un país donde se organizan festivales de diseño, semanas del diseño, eventos, charlas, premios… Ciudades que se proclaman referentes del diseño. Instituciones que hablan de lo importante que es la creatividad.
Pero luego esas mismas instituciones permiten concursos abusivos y esos mismos entornos no hacen absolutamente nada para frenarlos.
¿Cómo se sostiene eso?
No puedes decir que el diseño es clave para la cultura, la economía y la innovación…
y al mismo tiempo tratarlo como si fuera un hobbie.
Porque eso es lo que se está haciendo.
Si participas, lo validas
Y aquí viene la parte que no nos gusta.
Esto también pasa porque nosotros lo permitimos.
Porque muchos siguen participando “por si suena la flauta”.
Porque entrar en el sector es cada vez más difícil.
Porque cuesta que te tomen en serio.
Porque la visibilidad parece la única opción.
Porque quedarse fuera también da miedo.
Y lo entiendo. De verdad que lo entiendo.
Cuando estás empezando, cuando necesitas portfolio, cuando necesitas oportunidades… estos concursos parecen una puerta.
Pero no lo son.
Son una trampa.
Y cuantos más participamos, más se refuerza el sistema.
¿Entonces qué hacemos?
Porque sí, quejarse es fácil. Y yo también me estoy quejando.
Pero creo que ya hemos pasado esa fase.
No basta con compartir el típico post indignado cada vez que sale un concurso abusivo.
Algo hay que hacer.
Compártelo con intención.
Crea o diseña una publicación desde tu propia perspectiva, desde tu forma de ver y entender esta situación. Puede ser una queja, una reflexión o una denuncia, ya sea de forma informativa o completamente artística.
No hay un único camino ni una única estética: lo importante es que hable de lo que está pasando y que ayude a hacerlo visible. Usa tu voz, tu estilo y tu manera de diseñar para poner este tema encima de la mesa, de forma clara y sin suavizarlo.
El respeto se exige
No es solo dinero. Es respeto.
A una profesión que requiere: formación, criterio, tiempo y experiencia y que se sigue tratando como si fuera algo que cualquiera puede hacer en una tarde.
Llevamos años aguantando comentarios de todo tipo: “eso lo hace mi primo”, “son solo dibujitos”, “te doy visibilidad”
Y ahora además tenemos que aceptar que nuestro trabajo se convierta en una competición masiva, mal pagada y sin garantías.
